Cuando le abrí la puerta me llamó la atención su expresión: Casi sonreía.
Nos saludamos y empezamos a trabajar. Palpando su abdomen lo encontré más duro de lo normal, con boliches. Así les llamo a las contracturas de la musculatura lisa del intestino que apelotonan el tubo digestivo.
Le masajeé suavemente porque son muy dolorosos a la presión y movimiento, pero son estas dos condiciones, presión y movimiento, las que la sueltan más eficazmente. Suele producir una sensación de alivio o mejoría.
La expresión de su cara seguía casi feliz. Salvo en los momentos en que mis manos le causaban dolor.
Todo ello, intentando que respirara profundamente, lo que le costaba mucho, significaba dejarse ir, soltar la gran tensión que lo mantenía en el aire y apoyarse en la colchoneta.
Poco a poco, fue dejándose hacer, cayendo más hacia el suelo, llegando a apoyar casi toda la columna lumbar y sí, entonces vi su expresión: Sonreía.
Le pregunté si podía decirme qué sentía. Agarró la pizarra y escribió: No es evidente? - Yo: No puedo interpretar lo que Vd. siente, lo puedo adivinar, conjeturar, pero sólo Vd. puede decir lo que siente. - Pizarra: Pues adivínelo, es obvio. - Yo: No, D. Luis, me gustaría que Vd. le pusiera palabras a su sentir. En lugar de escribir, tararea. Es el Septimino de Beethoven que conozco bien. - Yo: Conozco esa música pero sigo sin saber lo que le hace sentir a Vd. - Pizarra: Es una pieza que compuse esta semana expresando cómo me he sentido. Si no lo entiende, no me va a entender nunca. - Yo: D. Luis, esa pieza está compuesta por Beethoven hace unos años ya. - Pizarra: Y qué? Yo he compuesto esto porque me he sentido así, tal como expresa esta música. - Yo: Vale, dígame qué sentía al componerla?. – Pizarra: Pero mujer, la música expresa una miríada de cosas; unas pequeñas, insignificantes; otras grandiosas, magníficas. Yo escribo música como si explicara mis sentimientos, cómo soy, cómo vivo, cómo estoy y adónde voy. - Yo: Quiere decir que yo tengo que escuchar su música para saber lo que le pasa? Quiere que yo interprete lo que Vd. expresa mediante las notas? - Pizarra: Si a Vd. le gusta la música, no le va a costar hacerlo. - Yo: Tengo reparos éticos en hacer eso, no me gusta interpretar, me puedo equivocar en perjuicio de Vd. - Pizarra: Inténtelo y yo le digo. - Yo: Si no me equivoco en la interpretación, Vd. puede seguir con las sesiones porque entiendo su música correctamente? - Pizarra: No, no, eso no es lo importante, sino que Vd. sienta mi música; eso habría valido la pena. Yo vivo en mi música, la música es mi vida, mi personalidad, mi sentir. Quien los interprete me da igual, siempre se hace de forma subjetiva. Yo llevo la música dentro, sino fuera de carne y hueso, estaría hecho de notas, lo que hago es ponerlas en orden. No hago mi música para los demás, sino porque no me queda otro remedio, si no lo hago me ahogaría en ella. Expreso todo con música, lo bueno, lo malo, mis pensamientos, mis pasiones, mis dudas, mis penas y mis amores. - Yo: Gracias por intentarlo conmigo D. Luis. Intentaré estar a la altura. Y emocionada, conmocionada por sus respuestas y su sabiduría, sigo con la sesión. Al terminar, le pregunto cómo está? - Pizarra: Un pentagrama, una sonrisa. Suficiente para saber que se va mejor que vino. Yo agotada, me estiro en la colchoneta a respirar.