REFLEXIONES DESDE MI CAMPITO

Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría
Nietzsche

¿Y sin el sauce cómo íbamos a conocer la belleza del viento?
Lao Tsé

Extraído de
Maneras de estar vivo por Baptiste Morizot.
Ed Errata naturae (2021)

He dispuesto de mucho tiempo para rastrear lo que voy exponer a continuación.
El miedo ha sido el desencadenante de muchas cosas.
Cuando se declaró la pandemia nadie sabía lo que hacer, no había experiencia previa ni en la situación sanitaria ni social ni política a nivel mundial, de manera que a la pregunta que se hace el ser vivo que se encuentra en peligro ¿qué debo hacer para salvar mi vida? ¿Dónde voy o a quién acudo para que me ayude? Nadie sabe la respuesta, nadie sabe qué es lo mejor o adecuado para salvarse.
Nadie la sabe o la contesta porque al buscar la respuesta en los expertos se renuncia a la corporalidad, se niega lo que el cuerpo sabe y dicta en cada momento para salvar la vida.
Esta evidencia es tan aterradora como estar en peligro.
Desde que alguien se eleva a la categoría de experto, está negando con violencia a los que considera legos en esa materia, pero si además, su saber lo impone en forma de ley, está negando la sabiduría del ser humano que le ha permitido llegar vivo a este momento.
Y cuando se ha aprendido a vivir, durante tiempo y tiempo, pendiente de la política, de la sanidad, del trabajo y la economía para una buena marcha del país en el que toca vivir, y que la lógica de la cultura resuelve los problemas a gusto de la mayoría, se desmorona el sistema de creencias y no se sabe ni se puede resolver la coyuntura.
Entonces aparece la incertidumbre, la duda y da lugar al miedo o al terror que propician reacciones sin lógica pero con fundamento: sensación de ponerse a salvo.
Para resolver estos problemas vitales se necesita tomar la decisión adecuada porque la inadecuada te quita la vida y para ello necesitas tiempo. Tiempo que no tienes y aparece la sensación de urgencia.

Negar tu corporalidad es otra forma de violencia, no reconocida como tal, negada fervientemente por aquellos que desconocen la sensación de poder vivir con las sensaciones, percepciones, emociones formando parte de las decisiones lógicas o mentales que se toman.
La mente necesita de la corporalidad para elaborar sus pensamientos, decidir sus acciones, memorizar recuerdos, aprender habilidades; la espiritualidad o creencias están basadas en el cuerpo.

Las decisiones que afectan a la vida cotidiana se toman en armonía, en parlamento entre el sistema físico, emocional e intelectual.
Pero qué pasa si estoy en fase de miedo aterrador por peligro de mi vida?
Todo el sistema se cambia, ya no es prioritario respirar, comer o dormir ni saltar ni reír; lo urgente es salvarse y para ello todo el cuerpo habilita las hormonas, los neurotransmisores, los sistemas de los que dispone para la defensa.
Esto no quiere decir que escoja la acción adecuada o que no haga nada o que haga lo mejor, quiere decir que va a hacer o no hacer de acuerdo a sus sistema de respuesta ante la emergencia.
Pero aparecen los expertos que dicen que saben lo mejor que hay que hacer y las leyes y los discursos y los preceptos y las autoridades que hablan y hablan y los seres vivos con necesidad de respuestas a su terror buscan creer a esos expertos que les facilitan la respuesta a una situación para la que se creen, y así la confirman los expertos, incapacitados.
Para ello hay que negar la corporalidad, el propio cuerpo, lo aprendido en la vida cotidiana, olvidarse de respirar profundamente para no dejar escapar respuestas espontáneas.

Encerrada en mi pequeño paraíso observaba con el mismo interés lo humano que lo animal o lo vegetal; seguía sintiendo la salud de mis árboles necesitados de cuidados como disfrutando de la energía infinita de los pequeños pájaros o la fruición de mis gallinas devorando gusanos o la belleza del paisaje variable a cada instante, respirando en armonía con estos seres que me daban toda clase de alegrías cotidianas.
Ellos parecían insensibles al sufrimiento humano y seguían momento a momento buscando llegar al siguiente día para vivirlo como si fuera el último.
Con el tiempo, asumes los errores cometidos en tu vida pasada y aprendes de ellos y una de las cosas que mejor he asimilado de mi vida es que ser científica, estudiosa, intelectual, investigadora, trabajadora me ha costado mi corporalidad y me ha privado de experiencias que pudiendo ser enriquecedoras se convirtieron en devastadoras.

Ahora sin prisa y sin el apremio de trabajar y cumplir, trabajo mejor y mucho más, trabajo en sintonía, trabajo y vivo de manera integral, total, con todos mis sentidos; no pretendo nada alto, sublime, ajeno, no requiero el reconocimiento de mis semejantes, no anhelo premios sólo quiero que me dejen vivir este sistema inventado hace millones de años y al que actualmente, muy poca gente tiene acceso.
La enajenación vivida durante la pandemia puede resolverse adecuadamente si empezamos a recuperar los sentimientos, emociones, sensaciones, recuerdos, actividades que nos identifican como el ser humano que se es, que se recuerda, que se regocija en serlo. Recuperar la corporalidad que nos iguala a los otros seres vivos.
Y añadiría que la respiración amplia, profunda, consciente, que es lo primero que el miedo corta, sería un buen comienzo para cambiar algo que indique el camino nuevo y seguir el rastro de la felicidad perdida.

Palma, febrero del 22

Luz

Foto: Paulonia en flor

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