
INTEROCEPCIÓN
El sistema interoceptivo, el de vísceras e interior del cuerpo, es el séptimo sentido.
Tiene distintos sistemas nerviosos, motores, sensitivos, que lo comunican con el resto del cuerpo y que llegan al cerebro donde es regulado y comunicado con el resto del cuerpo.
Una característica de algunas vías nerviosas es que son amielínicas, es decir, sin mielina lo que implica lentitud y química.
Tiene sentido si pensamos que esa lentitud permite que la sensación visceral se note más “in situ”; me duele, me escuece, me mareo, me presiona…
Pero también: tengo hambre, o sed, tengo pis… antes de que el Sistema Nervioso Central haga una interpretación o intervenga. Es inmediato a nivel local, es lento a nivel central. Esta diferencia de transmisión permite que las vísceras nos alerten o alarmen de lo que está pasando y tiene casi siempre que ver con un desequilibrio en la homeostasis, la cual nos sitúa los parámetros corporales dentro de un margen de variación sostenible para el ecosistema corporal.
Si comemos algo en mal estado, nos siente mal porque las sensaciones viscerales que se desencadenan destinadas a salvarnos la vida : vomitar, defecar, no se piensan, surgen como reacciones del sistema visceral; luego interviene la mente y puede inhibir el vómito o la defecación, pero sólo una vez iniciados estos.
Siempre me ha gustado pensar que la musculatura esquelética y la visceral con sus respectivos sistemas nerviosos, actúan de forma sinérgica y armónica.
El sistema esquelético le procura a las vísceras un recipiente elástico donde estar, que se adapta a su volumen, cambios de estructura o movimientos.
Por ejemplo, en la ascitis, retención de líquidos en el abdomen, sólo mirando la forma de éste, se adivina lo que pasa: forma abombada, el recto anterior, los oblicuos, músculos del abdomen dejan de contraerse para adaptarse a la necesidad se alojar un líquido a presión; la espalda aumenta la lordosis para desplazar el centro de gravedad y permanecer en equilibrio.
La respiración torácica se ve afectada sobre todo en inspiración, cuando el diafragma debe bajar y no puede por la presión abdominal.
Por tanto, la forma condiciona el funcionamiento de grupos musculares.
La musculatura esquelética tiene que sustituir los músculos incapacitados por otros para que se pueda mantener una postura erguida. La cadena posterior toma la iniciativa y se hace más dura y rígida.
En el embarazo pasa algo semejante, de ahí la postura típica de algunas embarazadas con una lordosis importante, desplazando su centro de gravedad para seguir erguidas.
Y al revés: cuando un grupo muscular se contrae y se fija en una postura, el funcionamiento visceral se altera. Hay un dicho oriental: No hay un intestino sano con una espalda enferma.
La musculatura abdominal profunda es proclive a contraerse y acortarse, lo que acarrea la afección del riñón, uréteres, vejiga, útero, ovarios,intestino etc. Todas vísceras abdominales en relación y sincronía con la musculatura esquelética.
Es difícil saber qué es primero, si la contractura muscular o la visceral, pero da igual, porque las vísceras causan dolor y malestar más agudo que el muscular y es el que nos avisa de que algo no está funcionando.
Hace falta una mirada holística para descubrir las relaciones entre el dolor, la víscera, la musculatura y la postura, además de la situación vital de esa persona.
No se tiene un dolor sin que el pensamiento y los sentimientos se alteren. Todo está conectado.
2 de Mayo 2026
foto: Chamaecereus silvestrii (cactus).