D. LUIS SEGUNDA SESIÓN

Llegó puntual y pasamos a la sala de trabajo.
Le pregunté cómo se encontraba y su mirada me bastó para entender que no me contestaba porque para él, era obvio.
¿Ahorraba palabras para no utilizar la libreta o más bien sustituía aquellas por la vista?
Siguió sin decir nada mientras se desnudaba y se acostaba en la colchoneta. Olía a jabón.
Empecé por pedirle que respirara despacio y profundamente. De nuevo esa mirada. Se hizo evidente que no podía o no quería, no estaba segura de la diferencia.
Empecé a tocarle la musculatura del tórax para que mis manos reconocieran las tensiones musculares evidentes, ya veríamos las no tan evidentes.
Era una carcasa dura de fibras musculares secas y tensas que no se movían apenas al respirar.
-Tenemos trabajo, D. Luis, le dije.
Hizo una mueca que me pareció un inicio de sonrisa, pero desapareció rápidamente. En su lugar dijo:
-Trabajo? Nunca me ha dado miedo ni pereza¡.
Empecé a corregir desviaciones del eje que podían mejorar con posturas sencillas y ayudándome de prótesis para que sintiera otra manera de colocarse y también me permitiera saber qué conciencia corporal tenía. Empecé por el cuello y llevarlo al eje fue un esfuerzo por su parte; no creo que en mucho tiempo lo hubiera movido libremente y mucho menos mantenido en el eje.

Le pregunté cómo se sentía y de nuevo su mirada penetrante e inquisitiva. -Bien, bueno no sé raro, no sé qué quiere que le diga.
-Sólo qué nota, cómo le hace sentirse estar en esta postura.
Empieza a canturrear o tararear una música que me resulta conocida.
-D. Luis: me puede decir si esta postura le induce a cantar o es una costumbre que tiene?
-Canto desde que recuerdo, me tranquiliza, me hace sentirme vivo, me produce gozo y muchas cosas más; algo que seguramente usted desconoce.
– Puedo deducir que esta postura está relacionada con todas las emociones que enumera al cantar?
– Es una manera de verlo, sí, quizá sea lo que me ha hecho.
– Voy a colocarlo lo más próximo al eje que pueda y me dice qué siente, vale?
No contesta pero asiente. Durante todo el rato sigue tarareando.
Cuando le coloco múltiples prótesis y lo acerco al eje, lo miro y está sonriendo o en todo caso hace una mueca como de agrado.
Le pregunto como si no viera nada: -Cómo se siente?
– No es evidente? Bien, bien, me ha sugerido una melodía nueva que tengo prisa por escribir y que no se me olvide.
-Ah, vale, eso es estupendo no?
-Nada del otro mundo, todo lo que me pasa lo pongo en música, es una manera de vivirlo eternamente.
– Estupendo quizá el próximo día me la puede mostrar.
– Eso lo veremos.

17 de Marzo 2026

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